La realidad de las personas trans en el Perú: seis cosas que debes saber
Colaboración para Feminismos Latinoamericanos FEM LATAM
En el Perú, las personas trans no vivimos en las mismas condiciones que el resto, somos ciudadanas y ciudadanos de última clase.
Aunque parezca una afirmación drástica, es nuestra realidad y se las voy a describir, pero primero entendamos bien quién es una persona trans. Trans proviene de la palabra transgénero o transexual (término médico) que hace referencia a la transición por la que pasa alguien.
Una persona trans es aquella a quien se le asignó el sexo hombre o mujer, basándose solo en sus genitales, pero que en el desarrollo de su vida descubre que su identidad de género es opuesta a la asignada al nacer. Por ejemplo, en mi documento nacional de identidad (DNI) aparezco con nombre y género masculinos, a pesar que tengo una imagen femenina y me identifico como mujer. En el caso de los hombres trans pasa exactamente lo contrario, “nacieron” como mujeres, pero se identifican como hombres.
Las personas trans rechazamos que se nos categorice solo por el sexo biológico; las personas somos más que solamente un ser vivo con pene o vulva. Un ser humano es el resultado de sus pensamientos, sentimientos, vivencias, etcétera. Incluso, la medicina reconoció como error el haber clasificado en el pasado a la identidad trans como patología, así lo confirmaron en 2013 la Asociación Americana de Psiquiatría y el 2019 la Organización Mundial de la Salud.
Si has llegado a leer hasta aquí y en verdad eres una persona respetuosa de nuestra identidad, es necesario que conozcas seis de las discriminaciones concretas con las que lidiamos a diario las personas trans en el Perú. Esto te dará una idea de si nos tratan o no como al resto de peruanos.
Si has llegado a leer hasta aquí y en verdad eres una persona respetuosa de nuestra identidad, es necesario que conozcas seis de las discriminaciones concretas con las que lidiamos a diario las personas trans en el Perú. Esto te dará una idea de si nos tratan o no como al resto de peruanos.
1. Derecho fundamental a la identidad
Para que las personas trans cambiemos los datos en nuestro documento nacional de identidad (DNI), debemos interponerle un juicio al Estado y ganarlo. En el caso del cambio de nombre, eso implica invertir unos tres mil o cuatro mil soles, mientras que, en el caso de cambio de sexo, esta suma resulta exorbitante y la sentencia llega a tardar entre 8 o 10 años; pudiendo ser ésta, negativa o positiva.
Muchas personas trans están en situación de pobreza, pobreza extrema o viven del día a día, por lo que invertir en un juicio es solo un sueño inalcanzable. Y cuando el fallo es favorable, aparece la Procuraduría Pública del Registro Nacional de Identificación y Estado Civil que apela la sentencia, convirtiéndose en un nuevo e innecesario obstáculo en la búsqueda del reconocimiento de nuestra identidad.
El DNI no refleja la persona que soy, se ha convertido para mí y mis compañeros en el principal objeto por el cual nos denigran, debiendo aguantar situaciones de humillación y burlas cada vez que lo mostramos. Es decir, no permite que vivamos una ciudadanía plena.

2. Niñez y adolescencia
En la mayoría de casos, las personas trans manifestamos actitudes que no van con lo que espera la sociedad de nosotras en términos de comportarnos acorde a nuestro sexo biológico y a lo que culturalmente se espera de alguien así. De esta manera surgen las estigmatizaciones desde pequeños. A los niños se les señala como afeminados o delicados, mientras que a las niñas como toscas o machonas. Nuestras formas de ser constantemente son cuestionadas y hasta castigadas por quienes deberían querernos incondicionalmente y tratar de entendernos: nuestros padres, que en nuestro caso ceden a la presión social.
Durante los primeros años es difícil determinar si somos gays, lesbianas, bisexuales o personas trans. Nuestra pésima educación, sin enfoque de género, acentúa más ese desconocimiento, y en este instante me pongo a pensar en todas las lágrimas que me hubieran ahorrado si desde pequeña me hubieran dicho que lo que me pasaba también le pasaba otras personas. Así no hubiera crecido creyendo que era una especie de fenómeno.
Cuando de pequeño le conté a mi profesora que estaba siendo insultado con palabras como ‘maricón’, lo que me dijo es que el resto me molestaba porque era muy delicado, porque no jugaba fútbol. Este tipo de cosas lo dicen la mayoría de adultos en nuestra sociedad ante estas situaciones, pero en el fondo el mensaje que dan es que la burla, la discriminación y el bullying que puedan impartir algunos compañeros de estudios no son el problema, sino que el niño ‘muy femenino’, es el culpable de lo que le pasa. Es decir, le echan la culpa a quien es la verdadera víctima y validan el comportamiento discriminador de los demás.
Vivencias como esta hacen que lleguemos a la adolescencia pensando que nos merecemos el desprecio. Empezamos a ver a nuestros tutores como personas incapaces de comprendernos e inicia el desprendimiento afectivo, sentimos que no nos quieren. Esto quedará marcado en nuestra memoria por el resto de nuestras vidas.
3. Educación
De acuerdo a un estudio de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH)( https://www.unicxs.org/infografia ), el 50% de nosotras, las personas trans, no termina sus estudios. Aunque la mayoría revela que se escaparon de sus hogares, lo que les pasa es más bien una expulsión o migración forzada dadas las condiciones de hostigamiento y violencia, según un diagnóstico de la misma UPCH.
Entonces, no debería sorprenderte ver tantas jóvenes trans sin familia, en la calle y sin estudios escolares concluidos. Por supuesto, siendo la secundaria un prerrequisito para acceder a educación superior, ahora puedes entender por qué no hay mujeres trans con carrera técnica o universitaria.
4. Oportunidades laborales
Ya sabemos lo que le pasa a alguien que no tiene secundaria completa, sus oportunidades de trabajo son limitadas, y si a eso le añades el rechazo basado en prejuicio, te encontrarás con una mujer trans desesperada por sobrevivir, teniendo que soportar frases como “das mala imagen para la empresa”, “espantas a la clientela” o “das asco”.
Es aquí cuando la puerta del trabajo sexual o la prostitución es la única que parece estar siempre abierta de par en par para nosotras. Alimentando la cifra que señala que, solo en Lima y Callao, el 70% de mujeres trans se dedica al trabajo sexual (https://www.unicxs.org/infografia )—esto explica por qué no ves trans en bancos, grifos, tiendas u otro centro de trabajo convencional—.
Ahora en pandemia, está de moda apelar a la ‘reinvención’ como método para salir adelante. Pues bien, algunas compañeras creyeron en eso y se animaron, por ejemplo, a preparar ceviche o mazamorra para vender. Se quedaron con lo preparado porque nadie quiere comprar algo cocinado por manos de una persona trans.
Que no se crea que esto es exclusivo de las compañeras sin preparación académica. El estigma y la discriminación alcanza inclusive a aquellas que hemos terminado una carrera. Nadie se anima así nomás a contratar a una mujer trans. Y contra eso, por lo pronto, no podemos hacer nada
5. Salud
En Perú la principal infección que afecta a la población de mujeres trans sigue siendo el VIH-SIDA (Estrategia Sanitaria de Control y Prevención de ITS y VIH/Sida del Ministerio de Salud – 2014) y al menos en ese aspecto el Estado sí da asistencia. Si bien en pandemia algunos hospitales se han quedado sin tratamiento antirretroviral contra el VIH, éste se entrega de manera gratuita.
Sin embargo, el principal problema de los centros de salud a nivel nacional es la falta de sensibilización. Se siguen reportando casos de transfobia por parte de personal médico, que insiste en llamar señor a una compañera o señorita a un hombre trans. Incluso, hay quienes no quieren atender a una persona trans que se encuentra enferma.
6. Población vulnerable
De acuerdo al Plan Nacional de Derechos Humanos 2018-2021 del Ministerio de Justicia, nos encontramos dentro de uno de los trece grupos de especial protección reconocidos por el Estado; mientras que el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables creó en 2016 una “Mesa de Trabajo para promover los derechos de Gays, Transexuales, Bisexuales e Intersexuales GTBI”, sin embargo, hasta la fecha no se ha establecido ni una sola política pública para la población trans.
No somos incluidos en los censos oficiales y mucho menos en algún programa social.

Quienes buscamos que se emparejen las cosas para las personas trans, tocamos puertas de autoridades y tomadores de decisiones para hacernos escuchar. Sabemos que una Ley de Identidad de Género (como el presentado en 2016 por la excongresista Indira Huilca) nos ayudaría a vivir con dignidad y una Ley contra los crímenes de odio reconocería que somos violentados solo por ser quienes somos.
Pero sabemos que el trabajo más difícil será cambiar la mente de quienes nos rodean. La clave está en la empatía, cualidad que la mayoría de peruanos parece no tener.
Las batallas diarias que libramos son muchísimas más, pero creo haber expuesto los principales obstáculos que encontramos en la actualidad. Quisiéramos poder preocuparnos más en las soluciones, pero a veces nos quedamos sin energía por estar abocados a nuestra supervivencia.